• <STRONG>HIGIENE BUCAL DIARIA</STRONG><BR>Cuidado general de la salud bucal
    HIGIENE BUCAL DIARIA
    Cuidado general de la salud bucal
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    Cuidado general de la salud bucal

La higiene es una de las principales formas de preservar nuestra salud. Dentro de la higiene diaria no debemos olvidar el cuidado de nuestra boca durante todas las etapas de la vida, ya que la falta de ésta podría acarrear múltiples enfermedades.

Alrededor de los seis meses, cuando aparecen los primeros dientes, es conveniente empezar a cuidarlos. Después de la toma del biberón o toma de alimentos, es conveniente el uso de una gasa húmeda para limpiar la boca del bebé, presentando especial atención también a las encías. Es recomendable visitar al odontopediatra para comprobar el desarrollo correcto de la dentición.

Es responsabilidad de los padres, junto con la orientación profesional del odontopediatra, crear unos buenos hábitos de higiene oral en los niños. Es importante seleccionar un cepillo dental adecuado con filamentos suaves para realizar una limpieza eficaz de los dientes y las encías. Así mismo, la selección de la pasta o gel dentífrico debe ir acompañado del consejo profesional. En la mayoría de los casos se recomienda el flúor (fortalecedor del esmalte dental), que debe ser administrado de manera responsable según la edad del niño. El uso de enjuagues bucales puede ser utilizado cuando el niño adquiere habilidades para escupir y no tragarse el líquido.

En la adolescencia, conforme va cambiando las dimensiones de la cavidad oral, es conveniente cambiar el cepillo de dientes y la pasta dentífrica infantil por productos para adultos. En la etapa adulta deben mantenerse de por vida los hábitos de higiene bucal adquiridos, junto con las revisiones periódicas del dentista. 

PROBLEMÁTICAS ASOCIADAS

La cavidad oral presenta un ecosistema altamente diverso, con hasta 600 especies microbianas diferentes que colonizan los diferentes hábitats. El biofilm oral (placa bacteriana) es una compleja y organizada comunidad de microorganismos que pueden cooperar entre sí y que conducen a la creación de condiciones propicias para la supervivencia de las especies bacterianas más exigentes. Estas bacterias patógenas que se encuentran en el biofilm oral son responsables de la etiología de las dos principales enfermedades orales: caries y periodontitis. Además, el descuido de la higiene bucal puede llegar a causar, a la larga, la pérdida de los dientes.

LIMPIEZA BUCAL

El objetivo de una buena higiene bucal es eliminar el biofilm oral y sus efectos nocivos sobre dientes y encías. Las principales pautas que se deben seguir son:

  • Utilizar reveladores de placa. Éstos hacen que el biofilm oral sea más visible y, por tanto, facilitan el cepillado.
  • Limpiar los dientes a diario. El cepillado de los dientes se realiza para eliminar los restos que quedan en la boca tras las comidas, pero sobre todo para deshacerse de la placa dental bacteriana.  Debe realizarse al menos tres veces al día y puede requerir entre tres y cuatro minutos. 

Es necesario utilizar una correcta técnica de cepillado. Existen varias técnicas de cepillado, pero no hay una no existe una técnica de cepillado que sea adecuada para todos las personas, ya que ésta viene determinada por morfología de la dentición, destreza manual del paciente, etc. La técnica de cepillado recomendada es aquella que permite la eliminación del biofilm oral de una forma cómoda, en un tiempo adecuado y sin causar ningún tipo de lesión en los tejidos.

La técnica que resaltamos es la Técnica de Bass ya que ésta permite eliminar las bacterias que se encuentran en el margen gingival, causantes de las enfermedades de las encías. Esta técnica consiste en inclinar el cepillo 45º grados entre diente y encía, de manera que los filamentos estén en contacto con el margen encía-diente y abarquen dos o tres dientes. Conviene hacer movimientos muy pequeños de vibración o circulares con el mango sin presión y sin que los filamentos se lleguen a desplazar de su posición en la encía. En los dientes anteriores, por la cara lingual, se debe realizar con el cepillo colocado verticalmente. 

Al elegir nuestro cepillo es mejor que el tamaño del cabezal no sea muy grande y que los filamentos sean medios o suaves, para adaptarse mejor a la anatomía dental y no ser abrasivos. El cepillo se debe cambiar aproximadamente cada 2-4 meses, esto dependerá de su desgaste. Un cepillo desgastado no realiza una adecuada eliminación de biofilm oral, además puede lastimar las encías. Si usamos un cepillo eléctrico debemos recordar que ya tiene movimiento y que, por lo tanto, tenemos que ir cambiando de superficie muy lentamente e, incluso, podemos imitar una técnica de cepillado convencional, si el cabezal lo permite.

Para limpiar entre los dientes (espacios interproximales), utilizaremos las sedas o cintas dentales o, si los espacios son amplios, cepillos interproximales de diferentes tamaños. Es muy importante limpiar estas zonas al menos una vez al día, ya que representan un 40% de las superficies dentales. Por lo tanto, si no usamos la seda dental o los cepillos interproximales, estamos dejando sin limpiar casi la mitad de la boca. 

  • Realizar la limpieza lingual. Existen limpiadores o raspadores linguales especiales que facilitan este trabajo. Se debe limpiar la lengua con un movimiento desde atrás hacia delante para arrastrar los restos de comida, células descamadas, mucosidades, bacterias, etc.
  • Utilizar irrigadores bucales. La aplicación directa de un chorro de agua o colutorio bucal ayuda a la eliminación de las bacterias depositadas en los dientes, las encías y los lugares de difícil acceso.
  • Realizar enjuagues bucales (de uso diario o específicos según las necesidades), ayudan a conseguir una higiene bucal completa, reducir eficazmente el biofilm oral y proporcionar el máximo frescor.
  • Controlar el consumo de alimentos azucarados. Lo ideal es evitar comerlos pero, si se consumen, es importante lavarse después los dientes.
  • Acudir regularmente al dentista. Es aconsejable visitar al dentista para que realice una revisión de la boca por lo menos 1-2 veces al año, así como una limpieza profesional. 

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