
Al llevar ortodoncia, el tratamiento avanza en la consulta, pero se consolida en casa, con los hábitos diarios. La higiene, la alimentación y el cuidado posterior al tratamiento tienen un peso importante en el resultado final. Y lo bueno es que, con algo de información y constancia, todo eso es perfectamente manejable.
La ortodoncia es la especialidad dental que corrige la posición de los dientes y la mandíbula. Su utilidad, además de estética, es una mordida bien alineada que facilita la masticación, distribuye mejor las fuerzas al hacerlo y hace que la higiene diaria sea más eficaz, porque los dientes bien colocados tienen menos rincones donde se acumule la placa.
Las opciones disponibles hoy son bastante variadas. La ortodoncia fija con brackets, ya sean metálicos, cerámicos o de zafiro, es la más extendida. Los brackets se adhieren directamente al esmalte y permanecen fijos durante todo el tratamiento. La ortodoncia lingual funciona igual, pero los brackets van en la cara interna de los dientes, completamente ocultos a la vista.
Y por último, la ortodoncia invisible con alineadores transparentes es la alternativa removible; se retira para comer y para cepillarse, lo que simplifica bastante la higiene. Cada opción tiene sus ventajas y sus particularidades, y el ortodoncista es quien puede valorar cuál se adapta mejor a cada caso concreto.
Con brackets en boca, la placa puede instalarse alrededor de cada bracket, bajo los arcos, en los espacios entre dientes y en el margen con la encía. Esa acumulación sostenida puede desencadenar inflamación gingival, y la ortodoncia fija está reconocida como uno de los factores locales que favorecen las afecciones de las encías como la gingivitis. Por eso la rutina de higiene con brackets no puede ser la misma que sin aparato. La inflamación gingival, la gingivitis o cualquier otra molestia en las encías durante un tratamiento de ortodoncia deben ser valoradas por un odontólogo u ortodoncista. Si aparecen sangrado, inflamación, dolor o molestias persistentes, se recomienda consultar con un profesional para revisar el estado de las encías y del tratamiento de ortodoncia
La técnica de cepillado recomendada en estos casos es la de Bass modificada, donde el cepillo se inclina 45 grados hacia la encía y se trabaja con movimientos suaves y circulares, prestando atención a la zona por encima y por debajo de cada bracket. Los cepillos con filamentos en V ayudan a llegar a esas zonas, y para limpiar entre brackets y bajo el arco, la higiene interproximal con cepillos interdentales o seda con enhebrador pasa a ser parte del ritual diario.
Una higiene descuidada durante el tratamiento tiene consecuencias visibles, siendo la más frecuente las manchas blancas en el esmalte, que son zonas desmineralizadas que aparecen alrededor de los brackets cuando la placa no se elimina con regularidad y que quedan a la vista al retirar la aparatología. En los casos más avanzados, pueden derivar en caries. Los tres pilares de la prevención son: el cepillado completo después de cada comida, utilizar colutorio con flúor y revisiones periódicas con el higienista.
Una de las ventajas claras de los alineadores es que se pueden retirar para comer y para cepillarse, lo que permite seguir una rutina de higiene prácticamente normal, sin adaptar la técnica a alambres ni brackets. Aun así, esa facilidad no justifica dejar de estar alerta.
Los alineadores deben limpiarse cada vez que se retiran. Un enjuague con agua fría y un cepillado suave bastan para el día a día. Hay que evitar el agua caliente, porque puede deformar el plástico, y las pastas abrasivas, que rayan la superficie y la opacan. Para una limpieza más a fondo, existen comprimidos efervescentes formulados para este tipo de aparatos que eliminan bacterias sin dañar el material.
Conviene tener presente que, antes de reponer el alineador, los dientes tienen que estar limpios. Si se coloca el alineador sobre restos de comida, esos restos quedan atrapados durante horas en contacto directo con el esmalte. El resultado es un mayor riesgo de caries dentales, precisamente en uno de los tratamientos que más facilidades ofrece para evitarlas. La disciplina en este punto es lo que marca la diferencia real entre este tipo de ortodoncia y los brackets.
Con brackets, la dieta requiere algunos ajustes concretos. Los alimentos duros pueden doblar los arcos o despegar los brackets. Los pegajosos, como chicles o caramelos, se adhieren a la aparatología y son difíciles de eliminar con el cepillado. Los muy azucarados potencian el riesgo de caries en una boca que ya tiene más superficie donde acumular placa.
Por otro lado, la cera de ortodoncia suele ser una gran aliada, especialmente en las primeras semanas. Se aplica sobre el bracket o el arco que roza con el interior del labio o la mejilla, creando una barrera que previene la aparición de aftas. No afecta al tratamiento, no interfiere con la higiene y se retira fácilmente antes de cepillarse.
Al hablar de alineadores, las restricciones alimentarias son mínimas porque el aparato se retira para comer. Sin embargo, eso no significa que la dieta sea irrelevante: el picoteo entre horas sigue afectando al esmalte, y cualquier ingesta fuera de las comidas principales debería ir seguida de un cepillado antes de reponer el alineador. Una dieta equilibrada, con pocos azúcares y suficiente calcio, también cuida las encías y los tejidos durante todo el proceso.
Cuando se retiran los brackets o se completa la secuencia de alineadores, el tratamiento activo termina. Pero el trabajo no acaba ahí. Los dientes tienen memoria, por lo que si no se mantienen en su nueva posición, tienden a volver, lentamente, a donde estaban antes. Esa es la razón de ser de la fase de retención.
Los retenedores pueden ser fijos o removibles, con un aspecto similar al de los alineadores. Los retenedores fijos requieren una higiene especial, porque pueden acumular placa bajo el alambre si no se usan hilo dental con enhebrador o cepillos interdentales. Los removibles se limpian con agua fría, un cepillado suave y comprimidos efervescentes cuando proceda.
Descuidar el retenedor puede provocar recidivas, movimientos dentales que deshacen parte del resultado obtenido. Las revisiones con el ortodoncista siguen siendo vitales en esta fase, igual que antes. El mantener una buena rutina de salud bucal diaria y usar el retenedor con constancia es, sencillamente, lo que protege el resultado a largo plazo.
El éxito de un tratamiento de ortodoncia depende del aparato y de los hábitos que lo acompañan. La higiene diaria completa, una alimentación que no comprometa la aparatología y el uso constante del retenedor al final del proceso son los factores que determinan si los resultados se mantienen con el tiempo.
Cada tratamiento es diferente, y el ortodoncista puede orientar sobre los cuidados específicos para cada caso. Lo que sí es común a todos es que el cuidado diario, más que cualquier otro factor, es lo que termina de transformar un buen tratamiento en un resultado duradero y satisfactorio.
Al llevar ortodoncia, el tratamiento avanza en la consulta, pero se consolida en casa, con los hábitos diarios. La higiene, la alimentación y el cuidado posterior al tratamiento tienen un peso importante en el resultado final. Y lo bueno es que, con algo de información y constancia, todo eso es perfectamente manejable.
La ortodoncia es la especialidad dental que corrige la posición de los dientes y la mandíbula. Su utilidad, además de estética, es una mordida bien alineada que facilita la masticación, distribuye mejor las fuerzas al hacerlo y hace que la higiene diaria sea más eficaz, porque los dientes bien colocados tienen menos rincones donde se acumule la placa.
Las opciones disponibles hoy son bastante variadas. La ortodoncia fija con brackets, ya sean metálicos, cerámicos o de zafiro, es la más extendida. Los brackets se adhieren directamente al esmalte y permanecen fijos durante todo el tratamiento. La ortodoncia lingual funciona igual, pero los brackets van en la cara interna de los dientes, completamente ocultos a la vista.
Y por último, la ortodoncia invisible con alineadores transparentes es la alternativa removible; se retira para comer y para cepillarse, lo que simplifica bastante la higiene. Cada opción tiene sus ventajas y sus particularidades, y el ortodoncista es quien puede valorar cuál se adapta mejor a cada caso concreto.
Con brackets en boca, la placa puede instalarse alrededor de cada bracket, bajo los arcos, en los espacios entre dientes y en el margen con la encía. Esa acumulación sostenida puede desencadenar inflamación gingival, y la ortodoncia fija está reconocida como uno de los factores locales que favorecen las afecciones de las encías como la gingivitis. Por eso la rutina de higiene con brackets no puede ser la misma que sin aparato. La inflamación gingival, la gingivitis o cualquier otra molestia en las encías durante un tratamiento de ortodoncia deben ser valoradas por un odontólogo u ortodoncista. Si aparecen sangrado, inflamación, dolor o molestias persistentes, se recomienda consultar con un profesional para revisar el estado de las encías y del tratamiento de ortodoncia
La técnica de cepillado recomendada en estos casos es la de Bass modificada, donde el cepillo se inclina 45 grados hacia la encía y se trabaja con movimientos suaves y circulares, prestando atención a la zona por encima y por debajo de cada bracket. Los cepillos con filamentos en V ayudan a llegar a esas zonas, y para limpiar entre brackets y bajo el arco, la higiene interproximal con cepillos interdentales o seda con enhebrador pasa a ser parte del ritual diario.
Una higiene descuidada durante el tratamiento tiene consecuencias visibles, siendo la más frecuente las manchas blancas en el esmalte, que son zonas desmineralizadas que aparecen alrededor de los brackets cuando la placa no se elimina con regularidad y que quedan a la vista al retirar la aparatología. En los casos más avanzados, pueden derivar en caries. Los tres pilares de la prevención son: el cepillado completo después de cada comida, utilizar colutorio con flúor y revisiones periódicas con el higienista.
Una de las ventajas claras de los alineadores es que se pueden retirar para comer y para cepillarse, lo que permite seguir una rutina de higiene prácticamente normal, sin adaptar la técnica a alambres ni brackets. Aun así, esa facilidad no justifica dejar de estar alerta.
Los alineadores deben limpiarse cada vez que se retiran. Un enjuague con agua fría y un cepillado suave bastan para el día a día. Hay que evitar el agua caliente, porque puede deformar el plástico, y las pastas abrasivas, que rayan la superficie y la opacan. Para una limpieza más a fondo, existen comprimidos efervescentes formulados para este tipo de aparatos que eliminan bacterias sin dañar el material.
Conviene tener presente que, antes de reponer el alineador, los dientes tienen que estar limpios. Si se coloca el alineador sobre restos de comida, esos restos quedan atrapados durante horas en contacto directo con el esmalte. El resultado es un mayor riesgo de caries dentales, precisamente en uno de los tratamientos que más facilidades ofrece para evitarlas. La disciplina en este punto es lo que marca la diferencia real entre este tipo de ortodoncia y los brackets.
Con brackets, la dieta requiere algunos ajustes concretos. Los alimentos duros pueden doblar los arcos o despegar los brackets. Los pegajosos, como chicles o caramelos, se adhieren a la aparatología y son difíciles de eliminar con el cepillado. Los muy azucarados potencian el riesgo de caries en una boca que ya tiene más superficie donde acumular placa.
Por otro lado, la cera de ortodoncia suele ser una gran aliada, especialmente en las primeras semanas. Se aplica sobre el bracket o el arco que roza con el interior del labio o la mejilla, creando una barrera que previene la aparición de aftas. No afecta al tratamiento, no interfiere con la higiene y se retira fácilmente antes de cepillarse.
Al hablar de alineadores, las restricciones alimentarias son mínimas porque el aparato se retira para comer. Sin embargo, eso no significa que la dieta sea irrelevante: el picoteo entre horas sigue afectando al esmalte, y cualquier ingesta fuera de las comidas principales debería ir seguida de un cepillado antes de reponer el alineador. Una dieta equilibrada, con pocos azúcares y suficiente calcio, también cuida las encías y los tejidos durante todo el proceso.
Cuando se retiran los brackets o se completa la secuencia de alineadores, el tratamiento activo termina. Pero el trabajo no acaba ahí. Los dientes tienen memoria, por lo que si no se mantienen en su nueva posición, tienden a volver, lentamente, a donde estaban antes. Esa es la razón de ser de la fase de retención.
Los retenedores pueden ser fijos o removibles, con un aspecto similar al de los alineadores. Los retenedores fijos requieren una higiene especial, porque pueden acumular placa bajo el alambre si no se usan hilo dental con enhebrador o cepillos interdentales. Los removibles se limpian con agua fría, un cepillado suave y comprimidos efervescentes cuando proceda.
Descuidar el retenedor puede provocar recidivas, movimientos dentales que deshacen parte del resultado obtenido. Las revisiones con el ortodoncista siguen siendo vitales en esta fase, igual que antes. El mantener una buena rutina de salud bucal diaria y usar el retenedor con constancia es, sencillamente, lo que protege el resultado a largo plazo.
El éxito de un tratamiento de ortodoncia depende del aparato y de los hábitos que lo acompañan. La higiene diaria completa, una alimentación que no comprometa la aparatología y el uso constante del retenedor al final del proceso son los factores que determinan si los resultados se mantienen con el tiempo.
Cada tratamiento es diferente, y el ortodoncista puede orientar sobre los cuidados específicos para cada caso. Lo que sí es común a todos es que el cuidado diario, más que cualquier otro factor, es lo que termina de transformar un buen tratamiento en un resultado duradero y satisfactorio.
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